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Impuestos en México
Cristina Ferrer

El impuesto es eso: algo que se impone, por lo mismo, nunca ha sido del agrado del ciudadano pagarlo. En un comienzo los impuestos eran recaudados por los que gobernaban las tierras y, por lo general, eran muy injustos para los más desamparados, quienes debían pagar las cuotas con trabajo o animales.

Con el tiempo y al organizarse los Estados, el gobierno y los gobernados realizaron lo que se llama un pacto social, en el que tácitamente se acepta entregar una proporción de los ingresos o de los bienes, para que éstos sean utilizados para el Bien Común, es decir, para el desarrollo del país en áreas como gasto social, salud, educación e infraestructura, entre otros.

Por desgracia, la fórmula de qué y cómo recaudar, así como la de cómo fiscalizar ese gasto, es lo que genera conflictos entre gobernantes y gobernados.

Al comenzar el año 2002, los mexicanos se encontraron con un paquete fiscal de nuevas medidas impositivas. Los actuales legisladores rechazaron algunos impuestos propuestos por el Poder Ejecutivo, como el polémico IVA a medicinas y alimentos. Este pretendía aumentar la base de contribuyentes, evitando la evasión. Sin embargo, para sorpresa de muchos, diputados y senadores optaron por gravar otros bienes y servicios, reavivando la polémica entre la conveniencia y la eficiencia de la actual miscelánea fiscal.

Pagar impuestos es un deber, pero no siempre los ciudadanos perciben este pago como algo que les dará mayores beneficios a todos los mexicanos. La evasión de impuestos y la escasa vigilancia hacia las actividades informales del país (aquellas que no pagan impuestos) genera un círculo vicioso que termina en que sólo un porcentaje muy bajo de la población cumple con su obligación tributaria. De hecho, actualmente lo recaudado por impuestos representa apenas el 12 por ciento de su Producto Interno Bruto. Países como Costa Rica, por ejemplo, logran que hasta un 25 por ciento del PIB sea generado por esta vía.

Crear conciencia de esta responsabilidad entre los ciudadanos es un desafío. Pero también, la sociedad debe exigir a sus gobernantes y legisladores un sistema tributario transparente y confiable, que estimule la contribución.

¿Qué es un impuesto?
Los nuevos impuestos para el 2002.
Historia de los impuestos en México.

¿Qué es un impuesto?

Conceptualmente hablando, el impuesto es una contribución obligatoria con que el Estado grava los bienes de individuos y empresas y su trabajo, para sufragar los gastos públicos.

Existen diferentes tipos de impuestos. En México, se entiende el impuesto directo como el que grava directamente los incrementos de ingreso del contribuyente (ISR). El indirecto, en cambio, se paga al comprar productos fabricados y en puestos de venta (IVA). Están además los impuestos especiales sobre productos y servicios (IEPS).

Los nuevos impuestos para el 2002

Los legisladores mexicanos, después de rechazar cualquier intento de gravar con un impuesto medicinas y alimentos (que hoy tienen IVA del cero por ciento), resolvieron crear nuevas tasas impositivas a bienes considerados por ellos de lujo o prescindibles. Artículos como el caviar, las angulas y el salmón ahumado, así como bebidas alcohólicas importadas, tendrán un IVA del 20 y no del 15 por ciento, con lo que son gravados los bienes no suntuarios.

Así mismo, los equipos de cómputo con costo superior a los 25 mil pesos, serán gravados con un 10 por ciento de IVA.

Fue aprobada la aplicación de una tasa de 10 por ciento a la telefonía celular. En el caso de la telefonía convencional, el impuesto no será aplicado. También quedarán exentos los servicios de renta básica de Internet, las llamadas desde zonas rurales y las llamadas internacionales, además de las tarjetas prepagadas de teléfono celular cuyo monto sea inferior a 200 pesos.

También, fue aumentado en un 10 por ciento el impuesto sobre refrescos embotellados no elaborados con azúcar sino con fructosa, para fomentar la deprimida industria azucarera del país, aunque ésta sea de producción más costosa.

Serán gravados, además, los intereses que generen las inversiones que excedan los 50 mil pesos anuales de interés sobre la tasa real obtenida por los inversionistas. Éstas se acumularán a los ingresos anuales de las personas físicas.

Además, serán elevados los impuestos sobre los cigarros. Para el tabaco, fue aprobado que el impuesto para cigarrillos con filtro pasará de 100 a 105 por ciento, mientras que el impuesto para cigarrillos sin filtro subirá al 60 por ciento desde el actual de 26 por ciento. Ambas tasas aumentarán cada año para homologarse en 110 por ciento en el 2005.

Para otorgarle al Ejecutivo un margen de maniobra aceptable, los legisladores aprobaron también un impuesto del tres por ciento del crédito al salario que pagarán las empresas.

Con todo, las industrias afectadas por los nuevos impuestos han declarado que interpondrán amparos a la nueva legislación fiscal. Por lo mismo, aún no está claro cuáles de los nuevos impuestos regirán definitivamente durante el año en curso. Ello lo conoceremos cuando en marzo se dé a conocer la miscelánea fiscal.

Historia de los impuestos en México

Las primeras manifestaciones de tributación en México, de acuerdo con un escrito de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, aparecen en los códices aztecas, en los cuales se registró que el rey de Azcapotzalco, pedía como tributo a los aztecas una balsa sembrada de flores y frutos, y además, una garza empollando sus huevos y al momento de recibirla, ésta debe estar picando un cascarón. Con este tributo, ellos recibirían beneficios en su comunidad. Asimismo, los tequiámatl (papeles o registros de tributos), fue un género de esos códices, relacionado con la administración pública dentro del Imperio Mexica.

Establecida la Colonia, los indígenas pagaban sus impuestos también con trabajo, en minas, haciendas y granjas. En 1573 fue implantada la alcabala (pago por pasar mercancías de un estado a otro), y después el peaje (derecho de paso). La principal fuente de riqueza para el conquistador fueron las minas y sus productos, por lo que fue el ramo más atendido, y se creó todo un sistema jurídico fiscal, con el objeto de obtener el máximo aprovechamiento de su riqueza para el Estado.

A partir de 1810, Hidalgo, Morelos y los caudillos de la Independencia, lucharon contra la esclavitud y por la abolición de las alcabalas (impuesto indirecto del 10 por ciento al valor de lo vendido o permutado), gabelas (gravámenes) y peajes (pago de derecho de uso de puentes y caminos). El sistema fiscal se complementó en esta etapa; así, fue expedido el arancel para el Gobierno de las Aduanas Marítimas, siendo éstas las primeras tarifas de importación publicadas en la República Mexicana. Asimismo, fue modificado el pago de derechos sobre vino y aguardiente y fue sancionada la libertad para extracción de capitales al extranjero.

Arribado al poder, Antonio López de Santa Anna decretó una contribución de ¡un real por cada puerta y cuatro centavos por cada ventana de las casas! Decretó, también, un impuesto de dos pesos mensuales por cada caballo frisón (robusto) y un peso por cada caballo flaco; además, un peso al mes por la posesión de cada perro.

Porfirio Díaz duplicó el Impuesto del Timbre, gravó las medicinas y cien artículos más. Con ello, logró recaudar 30 millones de pesos, pero gastó 44... En este período fue generada la deuda externa en alto grado; eran pagabados muchos intereses. Se requería un sistema de tributación controlado y de equilibrio.

Con la llegada del Ministro de Hacienda, José Yves Limantour, en 1893, se nivela la Hacienda Pública, aumentando las cuotas de los Estados y la Federación; se reduce el presupuesto y las partidas abiertas del Ejecutivo, así como los sueldos de los empleados. Se buscó nuevas fuentes de ingresos en el gravamen racional de las actividades, especulaciones y riquezas; se regularizó la percepción de los impuestos existentes, por medio de una vigilancia activa y sistemática sobre empleados y contribuyentes.

La caída de la dictadura, así como el destierro de Porfirio Díaz, trajeron desorden en el país, situación a la que no escapó la tributación. Los mexicanos dejaron de pagar impuestos dado que estaban ocupados en las armas. Siete años de irregular desempeño por parte de la Secretaría de Hacienda, pues aún cuando seguía utilizado los procedimientos establecidos, los jefes militares exigían desembolsos de dinero para aquellos bienes como armas y municiones, requerían, entonces, de préstamos forzosos en papel moneda y oro.

Cada jefe militar emitía papel moneda y usufructuaba los productos de los derechos de importación y exportación de las aduanas encontradas en las regiones ocupadas por cada ejército. Las oficinas recaudadoras de Hacienda eran dejadas a su disposición, a fin de proveerse inmediatamente de fondos; por su parte, los ejércitos caudillos que tenían la posesión de regiones petrolíferas, recaudaban un impuesto metálico, derivado del petróleo.

 
     
 
 
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