¿Estás listo para tu Luna de Miel?
Laura Julián

Ya tienes todo preparado: los anillos, el salón, las flores, el vestido, las invitaciones y hasta los boletos para la Luna de Miel, y te preguntas: ¿Me falta algo?

Estás preparado para la mejor experiencia de tu vida: Estar con quien amas, ¡por fin solos...!

La semana pasada platicaba con una amiga que acaba de cumplir un mes de casada. Ella estaba muy preocupada pues pensaba que tenía un problema con su sexualidad. No se explicaba cómo el sueño de las sábanas de satín, con la champaña y la música suave, no resultó como ella esperaba. A final de cuentas no oyó campanitas, tampoco fue como se ve en las películas.

Se oyen muchos mitos acerca de la luna de miel. Con frecuencia se habla de experiencias fabulosas, y las hay: el hecho de comenzar una vida en común, de compartir, de estar solos, es maravilloso, sin embargo la ignorancia hace que algunos experimenten frustración respecto a sus primeras experiencias de intimidad, sobre todo por la cortina de humo que se hace alrededor de este tema. Pocos admiten públicamente que no es como Hollywood lo presenta, y esto ocasiona confusión en no pocas parejas.

Lo que mi amiga vivió, es la experiencia de muchos hombres y mujeres: idealizan demasiado sobre lo que será, pero la realidad es que las estrellas no van a bajar y el cielo no se va a poner color rosa.

La sexualidad, como toda forma de expresión, requiere de un proceso, en el que es necesario aprender el lenguaje con el que se va a comunicar, y no se trata tanto de un laboratorio para disfrutar más, sino mas bien de una actitud por parte de ambos que se refleja en todos los aspectos de la vida matrimonial que recién comienza. Para tener una vida sexual plena, se requiere de los mismos ingredientes que el matrimonio para ser feliz al paso del tiempo:

- Estar dispuesto a entregarse al otro para hacerlo feliz, así es como se encontrará la verdadera felicidad. Cuando uno de los dos se centra en si mismo en lugar de centrarse en el otro, tanto en la intimidad como en las demás situaciones de la vida en común, terminan en conflicto. Si el hombre es poco delicado y sólo piensa en satisfacer su impulso sexual, la mujer se sentirá utilizada; si ella se cierra a la posibilidad de la entrega, por miedo, por inexperiencia, él se sentirá frustrado.

- Expresar el interior. Con frecuencia tendemos a quedarnos en la superficie. Lo que hace plena la vida de la pareja, no es lo que se encuentra en el exterior -la casa, los bienes, las comodidades- sino lo interior. Lo mismo sucede en la vida sexual, cuando lo que se comunica en la intimidad sólo es la entrega de dos cuerpos, se puede experimentar placer, pero vacío, mientras que cuando en la unión conyugal se entregan mutuamente en su totalidad, este acto hace el amor de la pareja más fuerte.

- Apertura
a. Hacia el otro, para comunicarle lo que sentimos, lo que queremos, lo que nos gusta y lo que no nos gusta, y apertura para acoger lo que el otro nos expresa, su forma particular de expresar el amor.
b. Apertura a terceros, ya que el matrimonio que se encierra en sí, se convierte en el juego de dos egoísmos que se alimentan mutuamente y que terminan por destruirse. En la vida sexual ocurre lo mismo, la consecuencia natural de la intimidad sexual es la vida, el miedo ante la posibilidad de un embarazo limita la entrega.

- Ternura. No todo es pasión, ni darle rienda suelta al impulso, son necesarios los gestos de amor, de cariño que dan sentido a la entrega física. La mujer necesita de ternura, de delicadeza, de cariño como preparación para la entrega física, y el hombre debe saberlo, y por su parte, el hombre requiere de la ternura de la mujer para descubrir el sentido auténtico de la intimidad.

- Respeto. Reconociendo el valor del otro a quien amamos y a quien sólo queremos hacer feliz, y respetando sus tiempos, sus reservas, sus gustos.

- Paciencia. Para descubrirse el uno al otro. Nuestro estilo de vida es acelerado, y tendemos a esperar resultados inmediatos. El amor conyugal tiene sus tiempos, y va madurando al paso de los años. La intimidad sexual requiere también del conocimiento de la respuesta sexual masculina y femenina, que normalmente no es simultánea; la mujer requiere de más tiempo, y el hombre necesita saber esperar. El preocuparse mucho por qué tanto placer se obtiene resulta contraproducente. Se ha visto que las parejas que se obsesionan por este aspecto, tardan más en acoplarse. La vida sexual de la pareja tiene también su ritmo. Las mejores experiencias vendrán con el tiempo.

La pareja puede experimentar cierta tensión, es normal. Es importante tocar el tema, hablar de sus expectativas, de sus miedos, de sus dudas, y sobre todo tomar conciencia que la luna de miel es sólo el principio, y que hay mucho que disfrutar juntos, que descubrir el uno del otro, mucho que compartir, y que la vida matrimonial que apenas comienza requiere de una gran decisión para aceptar el reto de hacer feliz al otro para toda la vida.





 
 
® Masalto.com es una Marca Registrada. Todos los derechos reservados.
Un Producto de DBrains Web Studio