La guerra con Francia
Verónica Pérez Nieves

En 1838, poco tiempo después de la separación de Texas, México enfrentó un grave conflicto internacional.
Debido a los constantes enfrentamientos entre federalistas y centralistas, muchas personas habían resultado perjudicadas. Entre ellas se encontraban algunos ciudadanos franceses que tenían sus negocios en México.
Aprovechando la debilidad del gobierno mexicano y las dificultades económicas que tenía el país, un representante del gobierno francés envió al presidente de México un ultimátum en el que le exigía pagar todos los daños que habían sufrido las propiedades de los franceses durante la guerra, equivalentes a unos 600 mil pesos de acuerdo con sus estimaciones.
El presidente que en ese momento era Anastasio Bustamante se negó a pagar tal cantidad por considerarla injusta y, sobre todo, porque el país no estaba en condiciones de hacerlo.

Ante esta decisión, el ejército francés bloqueó Veracruz, el principal puerto comercial mexicano, lo cual causó serios problemas a la economía nacional pues no podían entran a México materiales y equipos necesarios para la producción ni tampoco podían salir los escasos productos que se exportaban a Europa.
En noviembre de 1838 los barcos franceses abrieron fuego contra San Juan de Ulúa, lugar cercano a Veracruz, y el gobierno de México declaró la guerra a Francia encargando a Santa Anna la defensa de la patria. Esa lucha es conocida como “Guerra de los Pasteles” porque fue precisamente un pastelero francés quien más exigía el pago de sus pérdidas.

La situación era muy difícil para México. Ocurrió entonces que Inglaterra, viendo en peligro sus intereses comerciales en nuestro país, ofreció su ayuda para que terminara la guerra.
El gobierno inglés organizó pláticas para que México y Francia llegaran a un acuerdo pacífico. En marzo de 1939 se firmó un convenio que ponía fin a la guerra franco-mexicana.
Francia ofreció olvidar algunas de sus peticiones referentes a convenios comerciales que tenía con México y éste, a su vez, se comprometió a pagarle 600 mil pesos en tres partes.
Aunque tuvo que aceptar el pago, fue un triunfo para México ya que el país no podía pagar los gastos de la guerra en contra del ejército francés, uno de los más poderosos del mundo en ese momento de la historia.

En medio de tantas dificultades, comenzó a mejorar un poco la economía del país ya que industriales extranjeros, sobre todo ingleses, decidieron invertir su dinero en México.
El gobierno creó Secretarías de Estado encargadas de organizar la vida económica del país. Aunque pensaron que era necesario invertir dinero para mejorar la agricultura esto no fue posible y casi todas las comunidades producían sólo los alimentos necesarios para subsistir, es decir, existía una economía de autoconsumo.
A pesar de todos los esfuerzos los problemas continuaban. En 1841 Bustamante fue derrotado por Santa Anna. Se escribió un nueva Constitución Centralista que otorgaba un poder casi ilimitado al presidente.
Aunque su gobierno en esta ocasión sólo duró tres años, durante ese tiempo se vendieron propiedades del gobierno y se hicieron leyes que perjudicaban al clero, lo que le ocasionó una gran oposición por parte de algunos de los sectores más poderosos de la población.

Santa Anna tuvo que abandonar nuevamente la presidencia y volvería a ocuparla en 1846 cuando fue llamado a combatir a las tropas norteamericanas que amenazaban la soberanía de México.



 
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