Enfermedades del sistema óseo
Roberto Castro y Rocío Fernández

Estas son alguna enfermedades del Sistema óseo que podemos llegar a padecer.

a) Fracturas y contusiones: Una fractura es cualquier rotura de un hueso. Las fracturas de los huesos de las extremidades suelen clasificarse en diversas formas:
· Parcial: rotura incompleta a través del hueso.
· Completa: la que interesa todo el hueso; este último se separa en dos partes.
· Cerrada o simple: en ella el hueso fracturado no atraviesa el téjido cutáneo.
· Abierta: los extremos rotos del hueso fracturado sobresalen a través de la piel.
· Conminuta: el hueso queda reducido a esquirlas en el sitio de impacto, y se observan fragmentos menores de hueso, entre los dos principales.
· En rama verde: fractura parcial en la que un lado del hueso se rompe y el otro se encorva; ocurre solamente en niños.
· Espiral: la línea de rotura sigue una dirección espiral con relación al eje del hueso, y éste se halla torcido.
· Transversa: la que forma un ángulo recto con el eje del hueso.
· Con impacción (encajamiento): fractura en la que un fragmento penetra en el otro.
· Fractura de Pott: fractura del extremo inferior del peroné o fíbula, con traumatismo intenso de la articulación distal de la tibia.
· Fractura de Colles: fractura del tercio inferior de radio y cúbito o ulna, con desplazamiento de los fragmentos distales hacia atrás.
· Con desplazamiento: en ella, no se conserva el alineamiento anatómico de los fragmentos óseos.
· Sin desplazamiento: fractura en la que se conserva el alineamiento anatómico de los fragmentos óseos.

A diferencia de la piel, que se repara a sí misma en días, o el tejido muscular, que suele sanar en semanas, los huesos suelen requerir varios meses para soldar.


b) Infecciones: Atacan directamente al tejido.

c) Raquitismo: Deformación en los huesos por falta de vitamina D, necesaria para fijar o absorber el calcio.
En este trastorno existe una hipovitaminosis D, a raíz de la cual el cuerpo es incapaz de transportar calcio y fósforo del tubo digestivo a la sangre para su utilización por el tejido óseo.
Como resultado, se interrumpe la degeneración del cartílago epifisario y se continúa la producción de tejido cartilaginoso. Ello origina que el cartílago mencionado adquiera un diámetro mayor que el normal; al mismo tiempo, la matriz blanda depositada por los osteoblastos en la diáfisis no se calcifica, y el hueso permanece blando.
El método para la curación y prevención del raquitismo consiste en agregar cantidades abundantes de calcio, fósforo y vitamina D a la dieta.

d) Osteoporosis: Es una trastorno óseo característico de la edad madura y la vejez. La osteoporosis ataca al esqueleto en su totalidad, de modo especial la columna vertebral y la extremidad inferior; conforme la columna se achica y encorva, el tórax queda a nivel más bajo y las costillas descienden y se acercan al anillo pélvico. Este trastorno origina distensión gastrointestinal y disminución generalizada del tono muscular.
Los factores que intervienen en la resorción ósea incluyen disminución de estrógenos, absorción deficiente de calcio, hipovitaminosis D, pérdida de masa muscular, inactividad y dietas ricas en proteínas.
e) Artritis séptica: Destrucción de las articulaciones.

f) Hematrosis: Presencia de sangre en las articulaciones.

g) Hidratosis: Presencia de líquido ceroso en las articulaciones.

h) Dislocación: Movimiento brusco que provoca que el hueso salga de su ubicación original.

i) Enfermedad de Paget: Se caracteriza por engrosamiento y ablandamiento anormales de los huesos, y rara vez se presenta en individuos menores de 50 años. Se desconoce la causa o etiología de la enfermedad. Al parecer, existe falta de coordinación entre los osteoblastos, que producen tejido óseo, y los osteoclastos, cuya función es la resorción de dicho tejido; con ello se altera el equilibrio entre la formación y destrucción de hueso. La enfermedad de Paget ataca cráneo, pelvis y huesos de las extremidades.

j) Osteomielitis: El término osteomielitis incluye todos los trastornos infecciosos del hueso, que pueden ser localizados o diseminados, e incluir periostio, médula ósea y cartílago. Diversos microorganismos pueden dar origen a la infección ósea, pero los más frecuentes son las bacterias conocidas como Staphylococcus aureus. Estas bacterias llegan al hueso por diversos medios: la corriente sanguínea, una lesión (como una fractura) o una infección.
La infección suele destruir áreas óseas bastantes amplias, diseminarse a articulaciones cercanas y, en raras ocasiones, producir la muerte por abscesos. Los antibióticos han sido eficaces para tratar esta enfermedad y evitar que se disemine en áreas extensas de hueso.




 
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