El neolítico
Iván López

Se conoce como periodo de la piedra pulimentada o Neolítico al lapso en que el hombre, una vez terminadas las glaciaciones, experimentó drásticos cambios en su forma de vivir. Esta segunda etapa de la prehistoria abarca desde el año 7000 al 3500 antes de Cristo; y su gran importancia radica en el evento llamado Revolución Neolítica, proceso en el cual el hombre se adapta a las nuevas condiciones climatológicas y logra desarrollar nuevas actividades para sobrevivir. Dichas actividades fueron la agricultura y la ganadería.

Actividades

Gracias a que las condiciones climatológicas mejoraron considerablemente al término de la última glaciación, el hombre tuvo mejores oportunidades de sobrevivir en un medio que le era menos hostil, así, dejó de preocuparse tanto por seguir a los animales, pues éstos ya no escaseaban con tanta frecuencia; y sus estancias en lugares fijos se prolongaron. Además con esta nueva forma de vida, el hombre comenzó a observar con mayor detenimiento los fenómenos naturales como el crecimiento de los vegetales y las costumbres de algunos animales.
Con el conocimiento de las fuentes que lo habían nutrido por milenios, el hombre comenzó a cultivar plantas comestibles y a domesticar animales que le fueran útiles tanto para comer como para utilizarlos en el trabajo.
Según los especialistas, la agricultura comenzó en la región conocida como la “Media Luna Fértil”; y los primeros vegetales en cultivarse fueron los granos como el trigo, la cebada y el centeno. Los restos de estas plantaciones prehistóricas datan aproximadamente del sexto milenio a. C.
Los hombres prehistóricos, preparaban la tierra por medio del sistema de rozas, que consistía en quemar la vegetación silvestre de una región con el fin de dejar la zona libre pero con los nutrientes propios de la tierra.
El fenómeno de la domesticación de animales se remonta al octavo milenio a. C. en que el hombre logro domar a los perros salvajes. Posteriormente fueron domesticados la oveja, la cabra, el buey y el cerdo.
La posibilidad de conseguir carne y vegetales más fácilmente propició que el hombre dejara de viajar de un lugar a otro y permitió el surgimiento de la vida sedentaria en pequeñas aldeas.

Organización social

Durante el Neolítico, y como consecuencia de la vida sedentaria, surge una nueva forma de organización social conocida como tribu que, a diferencia de la horda, residía en un solo sitio y era mucho más numerosa. En algunas ocasiones varias tribus se agrupaban para formar un clan.
En las aldeas neolíticas se hizo necesaria una mayor diversificación en la división del trabajo, pues junto con la agricultura y la ganadería surgieron actividades paralelas como la artesanía de alfarería y cestería o el curtido de pieles, las cuales requerían de una especialización para llevarlas a cabo. Al mismo tiempo, y como resultado de la necesidad de intercambiar productos, surgió el trueque, primera forma de comercio.
En las aldeas, la división social se caracterizaba por dos secciones: el consejo de ancianos que decidía cómo resolver los conflictos que se presentaban en la comunidad y los aldeanos comunes y corrientes. Pero paralelamente también comenzaron a surgir diferencias económicas, primero entre las aldeas, y posteriormente entre los propios aldeanos.

Vida cotidiana

En la mayoría de los casos, los centros de población se establecieron a orillas de alguna fuente de agua, para evitar la escasez de la misma. Las casas se construían en forma rectangular y con escaleras para evitar posibles inundaciones, y generalmente estaban pegadas unas con otras lo que provocaba la inexistencia de calles. Los materiales de construcción más comunes empleados durante el Neolítico fueron: piedras, madera y pajas o junco mezclado con barro cocido.
La vida de los aldeanos fue mucho menos dura que la del hombre paleolítico, pues las nuevas formas de conseguir alimento eran mucho más seguras, lo que provocó que la población aumentara considerablemente y que las comunidades fueran creciendo hasta llegar a ser grandes centros urbanos como Jericó, cerca del Mar Muerto, que data del año 8000 a. C., y que contaba con cerca de 8000 habitantes.

Avances técnicos

A principios del periodo Neolítico, las herramientas que usó el hombre fueron muy parecidas a las del periodo anterior, pero con el surgimiento de nuevas actividades se hicieron necesarios otros utensilios como las azadas y hoces hechas a partir de madera, sílex o hueso.
Otro gran avance tecnológico fue el descubrimiento de la arcilla y el surgimiento de la alfarería, indispensable para los agricultores neolíticos, pues una de sus primeras necesidades fue la de almacenar sus productos. Los alfareros proporcionaron vasijas ideales para almacenar los granos.
Ya que en el Neolítico aún no se descubría el torno, los alfareros moldearon sus artículos de arcilla a mano. Al principio la técnica para lograr el endurecimiento de la arcilla se hacía a fuego directo, pero posteriormente se descubrió la posibilidad de lograr mejores resultados cociéndola en hornos cerrados.

Manifestaciones culturales

Como consecuencia del descubrimiento de la agricultura, surgieron numerosas creencias religiosas referentes a los fenómenos naturales que tenían un impacto en la fertilidad de la tierra y las actividades agrícolas en general. Los especialistas creen que en esta época comenzó la aparición de ministros de culto, es decir, gente especializada en la propagación de las creencias religiosas.
En esta época se comenzó a esculpir la piedra con fines artesanales y religiosos; prueba de esto son las cabezas de piedra que representaban a los dioses de la pesca encontradas a orillas del río Danubio. Sin embargo la expresión artística más majestuosa de la Prehistoria estuvo representada por los monumentos megalíticos, cuya construcción comenzó a fines del Neolítico.

La Edad de los metales

Aproximadamente en el año 3500 a. C. surgió una nueva actividad para el hombre: la metalurgia. El manejo de los metales se hizo indispensable gracias a la necesidad de elaborar herramientas más resistentes que sustituyeran a los utensilios de hueso, madera y piedra.
El primer metal en utilizarse fue el cobre, gracias a que se encuentra en estado casi puro en la naturaleza. La técnica para trabajar el cobre fue la de golpearlo hasta adelgazarlo como una hoja, pero con el tiempo se le comenzó a fundir con fuego y a vaciarlo en moldes para elaborar un mayor número de herramientas.
Cuando las propiedades del cobre ya eran del conocimiento del hombre, se comenzó la búsqueda de metales más fuertes. De este modo surge la primera aleación, conocida como bronce, que es producto de la combinación de cobre y estaño.
Se calcula que al rededor del año 3000 a. C., después de grandes esfuerzos por encontrar un metal más rígido, se logró la extracción del hierro, el cual requiere de temperaturas sumamente elevadas para conseguir su fundición.
El trabajo de los distintos metales propició la creación de técnicas como la de martillado, el estiramiento, la forja, la fundición, el vaciado y el moldeado, que requirieron de gente especializada en la profesión de la metalurgia. Con el manejo de los metales el hombre logró ejercer un mejor dominio sobre la naturaleza, además de construir herramientas más efectivas que propiciaron una mejor productividad de la agricultura. Todos estos factores fueron determinantes para impulsar el desarrollo más acelerado de la humanidad y el cruce hacia la era de la historia.



 
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