Sócrates
Ileana Garza

Sócrates nació en Atenas, en el demo de Alopecia, entre el año 470 o 469 a. C., en el final de la Guerras Médicas.

La tradición reza que fue escultor por un corto tiempo, al igual que Sofronisco, su padre.

Participó como hoplita (soldado de infantería) en tres campañas militares, así como en el principio de la guerra del Peloponeso, del 432 al 429 a. C. En el 424 participó en la batalla de Delion. Finalmente en el 422 toma parte en la expedición de Anfípolis.

Hay quien niega la vocación filosófica de Sócrates, sin embargo tenemos tres fuentes que nos permiten conocerlo como pensador: Jenofonte, Aristófanes y Platón.

Aristófanes, comediante griego, lo caricaturizó en su obra llamada Las Nubes. En este libro Aristófanes hace una burla a Sócrates por considerarlo una persona que vive fuera de la realidad (en las nubes).

Jenofonte, un militar no muy talentoso, alega que Sócrates es un personaje piadoso. Cuenta que se interesaba por llevar al poder a hombres competentes. Su juicio sobre Sócrates suele ser muy optimista, e incluso algunos filósofos lo consideran demasiado corriente. Es decir, no sabemos hasta qué punto sea verídica la visión de Sócrates como filántropo.

Platón nos impone un problema diferente. En sus Diálogos (que no son sucesos retratados al pie de la letra) nos muestra a Sócrates como un orador magnífico que siempre domina al adversario con argumentos correctos. Sin embargo, no es posible asegurar que fue Sócrates quien tuvo semejantes ideas, antes bien podemos pensar que Platón decoró algo la figura un tanto mítica de su maestro.

Con base en nuestras fuentes podemos asegurar que efectivamente planteaba lo que hoy conocemos como “intelectualismo moral”. El intelectualismo moral, como bien lo indica su nombre, es el planteamiento que afirma que el hombre, al dejar de ser ignorante, puede ser políticamente correcto. Es bien sabido cuán importante era la relación del ciudadano griego con su polis, lo cual nos da una visión de Sócrates como un hombre orgulloso de los ideales comunes.

Sócrates guiaba a sus discípulos (que bien podía ser alguien a quien recién conocía en la plaza) a través de un diálogo (llamado posteriormente “diálogo socrático”). Este diálogo conducía a “parir la verdad” (Mayéutica), nombre que Sócrates dio en honor a su madre, quien era una partera.

En el año 399 Sócrates fue acusado por Meleto, Ánito y Licón. Se le acusaba de corromper a la juventud, ya que al contrario de los sofistas, no cobraba por sus enseñanzas y las ejercía con heterodoxia. A su vez se le acusaba de no rendir culto a los dioses del Olimpo, ya que Sócrates hablaba del diamantino (un ser superior no reconocido por el Estado).

Después de un largo juicio, que se describe en la Apología, Sócrates fue hallado culpable. El castigo impuesto era la muerte, por lo que le hicieron beber cicuta (veneno) y falleció.

Se cuenta que en la celda en la que estaba, sus amigos le visitaron y le exhortaron a que escapara. Sócrates convencido en que era muy superior la verdad y la soberanía, decide ser juzgado e incluso ser llevado a la muerte.

Sócrates no fue un héroe, fue un hombre convencido en la importancia de la verdad, y las consecuencias de ésta. Dejó un legado de suma importancia, pues fue uno de los tres grandes filósofos de Atenas.



 
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