Flora de la Estepa
Roberto Castro.

Las comarcas esteparias más extensas se localizan en las latitudes medias. En estas regiones los veranos son muy calurosos y los inviernos frescos o fríos. Cuando llega la primavera, el suelo, que ha permanecido helado en invierno, se deshiela y la humedad y el sol primaveral favorecen la germinación de numerosas semillas que permanecieron durante el verano en estado latente. En pocas semanas, los campos se cubren de hierbas que crecen con increíble rapidez. Cuando florecen, la estepa adopta distintas coloraciones. Es ésta la estación más bella en las comarcas esteparias.

En verano, el sol ardiente marchita las flores y la estepa adquiere un tono castaño. Al llegar las heladas otoñales, los delgados tallos se rompen y las semillas caen al suelo donde son cubiertas más tarde por la nieve invernal, hasta que llega nuevamente la primavera.

Algunas semillas de árboles, llevadas a la estepa por el viento, germinan con frecuencia, pero como su desarrollo es más lento que el de las hierbas, son sofocadas por éstas y privadas de aire y luz hasta que perecen. Sólo en las orillas de los ríos, o en las cercanías de algún manantial, crecen sauces de los que el más conocido es el sauce blanco, muy difundido en África septentrional y Asia centrooccidental; alcanza de 20 a 25 m de altura. Tiene utilidad porque se emplea en la producción de mimbres flexibles y resistentes para ligaduras y trabajos de trenzado; la madera, muy ligera, que es además blanda y blanca, sirve para aparejos agrícolas, suecos y el tronco puede ser utilizado para fabricar cerillos. Los álamos y abedules también son frecuentes en estos sitios.




 
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